¿Por qué las encuestas no vieron venir el resultado de Álvaro Ramos?


Las elecciones presidenciales recientes en Costa Rica dejaron una lección contundente: las encuestas no siempre fallan por margen de error, sino por modelo.



Uno de los casos más ilustrativos fue el del candidato Álvaro Ramos, quien pasó de un 9.2% en encuestas a un 33.44% en la votación real, una diferencia que no puede explicarse como simple volatilidad electoral.


Este artículo analiza, con datos y metodología, por qué ocurrió esta brecha y qué nos dice sobre el nuevo comportamiento del votante costarricense.


1.El dato que rompe el modelo

  • Intención de voto en encuestas: 9.2%
  • Resultado real en urnas: 33.44%
  • Diferencia absoluta: +24.24 puntos porcentuales
  • Crecimiento relativo: 3.6 veces más de lo estimado


No se trata de un “error técnico menor”, sino de una subestimación estructural.


2.Midiendo el error: una explicación matemática simple

Para entender la magnitud del desfase, podemos usar el siguiente indicador:


Índice de Subestimación Electoral (ISE)

Esto confirma que el problema no fue la medición puntual, sino los supuestos que alimentaron los modelos.


3.Las seis razones que explican la diferencia


🔹 1. El voto oculto moderno

Muchos votantes no declaran su preferencia cuando:

  • El candidato no es favorito mediático
  • No existe aún percepción de “opción ganadora”
  • Se desea evitar discusión o exposición


Ese voto no aparece en encuestas, pero sí en las urnas.


🔹 2. El indeciso no es neutral

En Costa Rica, el votante indeciso:

  • Decide tarde
  • No se reparte proporcionalmente
  • Tiende a concentrarse en una o dos opciones finales


Las encuestas lo contabilizan como “nadie”, pero sí tenía destino.


🔹 3. El voto útil tardío

Muchos electores votan pensando estratégicamente:

“¿Quién tiene opciones reales de avanzar?”

Cuando un candidato:

  • No genera rechazo fuerte
  • Es percibido como opción de equilibrio
  • Muestra crecimiento silencioso


Recibe transferencia masiva en la recta final.


🔹 4. Cambió quiénes sí fueron a votar

En esta elección:

  • Votaron personas que no votaron en 2022
  • Ese nuevo elector:
  • No responde encuestas
  • Decide tarde
  • No se identifica con partidos tradicionales

Las encuestas no los captaron.


🔹 5. Modelos anclados al pasado

Muchas casas encuestadoras:

  • Usaron ponderaciones históricas (2018–2022)
  • Supusieron abstencionismo alto permanente
  • Proyectaron de forma lineal un fenómeno no lineal

El electorado cambió, el modelo no.


🔹 6. Campañas que no se ven en encuestas

No toda campaña es:

  • Vallas
  • Medios tradicionales
  • Debates televisivos

Muchas son:

  • Territoriales
  • Digitales segmentadas
  • Boca a boca


Invisibles para la encuesta, decisivas en la urna.


Lo que este caso revela sobre el votante costarricense.  Este resultado confirma tres tendencias claras:

  1. El votante decide cada vez más tarde
  2. El indeciso sí importa, pero no como promedio
  3. Las encuestas deben evolucionar o perder relevancia


Conclusión

El crecimiento electoral de Álvaro Ramos no fue un fenómeno repentino, sino la consecuencia de un cambio profundo en el comportamiento del elector costarricense que las encuestas no supieron capturar. El error no estuvo en la urna ni en el votante, sino en modelos de medición que quedaron anclados al pasado.


📌 La elección no sorprendió a la ciudadanía.

📌 Sorprendió a los encuestadores.